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February 4th, 2010Cíclope, pero con la sonrisa puesta.
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Nueva Vulcano - Te debo un baile
Cíclope, pero con la sonrisa puesta.
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Con a de Anay
de ayer
de a ver qué va a pasar aquí.
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Me tiro de cabeza a las paredes de colores
a los caballos desbocados.
Esta noche hay una fiesta.
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Las nubes hacen arcoiris.
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Paseando en uno de esos momentos perfectos en que ha dejado de llover y el aire fresco choca contra la cara con los pasos largos al ritmo de la canción perfecta que se escapa de los auriculares desde debajo de la bufanda mientras las farolas dibujan sombras sobre el asfalto.
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Y he visto a la chica de la rosa, y me he dado cuenta.
Que lo echo de menos.
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Que echo de menos me regalen una rosa, que me despierten con un beso, que sonrían cuando entro por la puerta, que me dejen notas en el bolsillo del abrigo, que me llamen guapa.
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Entretente
(click)
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Uno detrás de otro voy dejando pasar
a cada amor de mi vida.
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Y cuando un día me lo cruzo por la calle
sonrío,
“me alegro de verte”
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y sigo mi camino.
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(Que yo recuerde y dignos de mención)
Propósito número uno: aprender -algo de- inglés (gracias, seriesyonkis).
Propósito número dos: ewomancipación (gracias, degeá).
Propósito número tres: periplo impar (a la tierra de los lagos 3.0).
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A lo tonto (como siempre, y después de la lista) se nos acaba el año.
¿Sabéis qué propósito tengo para el próximo?
Sol, palmeras, arena dorada. Eso para empezar.
Será el año más corto de la historia de los años cortos.
Una hora, y vuelta a empezarlo.
Será como el día de la marmota, pero con champán y fuegos artificiales.
Lo siguiente de la lista es ganas de (de pensar, de mover, de lanzar, de escribir, de tocar, de decir) (ganas de ganas).
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Me pedí tecnología, para variar, y me la han traído.
Me pedí un reno (lo que le falta de animal le sobra de acojonante) y también me lo han traído.
Las ganas dejadlas por aquí, que a la vuelta las recojo.
¡Aloha!
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Soñamos que vivimos un amor eterno y un día nos despertamos frente a una realidad: ya no nos aman. Y la eterna pregunta es ¿por qué?
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Aunque sacuda la cabeza, aunque como Carrie en más de una ocasión me lo haya preguntado. No hablo de romanticismo, de historias interplanetarias.
Hablo de quererte sin que estés conmigo, de recordarte sin hablarte, de conexiones inalámbricas, de digestiones cortadas, de decisiones que dicen no, de condiciones emborronadas, de regalos envueltos en papel de periódico, de acabar otro año de excepción (cojo, negro y gitano).
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Hablo de llevar cubos al mar
(unos que se piran,
una que se queda trieste).
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Las buenas noticias son mucho más buenas cuando se reciben en primera persona.
Estoy feliz y (casi casi casi) sana.
Ole.
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Tengo una preocupación que empieza ese momento en que abres los ojos teniéndolos abiertos, sumas habiendo sumado, y no ves más que rastros, pistas y rastros que te llevan a más pistas.
Y tengo una sospecha que no es una confirmación porque no tengo ni los medios (aunque estén en internet), ni los conocimientos (aunque estén en internet), ni el permiso de la comunidad científica (aunque estén en internet también, como yo ahora).
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Tengo una preocupación sospechosa
y una sospecha que me preocupa.
Y aunque piense en otra cosa para distraerme sin que yo me entere, sigo sospechando (a escondidas, para no preocuparme).
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Hace años mi padre me fabricó una libreta apaisada con un recorte pegado sobre rayujos fluorescentes en la tapa de papel. Me encantaba, y me las ingenié para encontrarle un uso que impidiera el que, algún día, me deshiciera de ella. Como tantas cosas inútiles de las que somos incapaces de deshacernos fue a parar a una caja.
Ayer mismo encontré una de esas cajas porta-todo, me senté en el suelo, y como os estaréis imaginando, allí estaba. Páginas y más páginas de esquinas arrugadas bajo letra de colegiala. Y entre las páginas en blanco, ¡sorpresa!, un escrito que no es mío.
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¿Sabéis esas películas en que chico y chica se enzarzan en un torbellino, se enamoran, superan el horror, el miedo y los contratiempos, y colorín colorado, son felices para siempre?
Dadle la vuelta, cabeza abajo. ¿Ya está?
Ésa es mi historia.
En esa hoja me encontré (con siete, quizás ocho años de retraso) un mensaje optimista, alegre, sereno, ajeno al paso del tiempo, los contratiempos, el miedo, el horror, los enzarzamientos, los torbellinos.
¿Qué es eso?, habría preguntado.
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Me enfundo en mi pijama de invierno y al pasar por delante del espejo lo veo, tatuado sobre mi pierna: enjoy life!
Y mientras mi yo pensante se detiene, acacheteado, se me aparece un fantasma de todavía más atrás. :O, que diría un emoticono.
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Hoy habría disfrazado las letras de superhéroe del imserso, con una manta a modo de capa, un pasado que se me antoja incompleto y un futuro breve y desganado, pero ya no sé de qué quería hablar, ni para qué quería la capa.
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Las noches de luna llena
le ladro a las farolas
muerdo a los coches
astillo el asfalto
grito a los perros
asalto a los niños.
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