Liniers
May 26th, 2007
Leo el titular: “Porretas colocan una bomba casera bajo el coche de un candidato socialista”. ¿Qué? ¿Porretas? Uy no, proetarras.
Con eso de leer tan rápido te puede traicionar la vista, o el subconsciente. Yo que soy una chica sana que tiene bien aprendido eso de que las drogas son mu malas, y que mi concepto de por ejemplo ir cayéndose por las esquinas es el de un trágico sábado noche, que un virus estomacal la tomó conmigo y ahí me tenéis echando las tripas por los rincones.
Ese era mi concepto, mejor dicho, porque desde hace un par de días voy que me caigo por las esquinas pero de sueño. Ahora quien me ataca son los efectos secundarios.
En fin. Ahora mismo tendría que estar en algún rinconcito azul de la ciudad condal, rememorando en sueños los saltos y sudores de un año ha. Pero la última de las horas es a veces así de caprichosa, y se ha esperado a que tuviera mi mochila preparada para cambiarme la situación laboral. Cosas del directo.
El problema de caminar siempre de puntillas
es que es terriblemente cansado.
Ayer me comí un chicle caducado. De fruta, y sabía a todo menos a fruta.Nunca se me había ocurrido que los chicles caduquen. Bueno, no es que no se me ocurriera porque recuerdo haber leído la fecha de caducidad alguna vez, pero no creía que tardaría tanto en masticar un chicle como para que haya caducado.
Una puede esperarse que al intentar morderlo te parta un diente, o que se deshaga en una masilla escurridiza de textura asquerosa. Pero no que sepa a descompuesto. Acabáramos.
y demás despistadillos que os estéis perdiendo la presente semana temática de HombreRevenido.
Por si la primavera no nos tenía lo suficientemente alterados.
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas filulas de carioconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consistiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios.
Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
(Rayuela - J. Cortázar)
Feliz me hallo de tener a no más de cinco metros de mi house (no confundir con House) un terreno destinado en el interior de una población a prados, jardines y arbolado para recreo y ornato, como dice la Excma. Real Academia Española, o lo que viene siendo lo mismo, ese sitio donde se darán cita jubilados (que ya han aprovechado la mañana haciendo mediciones y examinando el estado y colocación de barandillas y demás mobiliario urbano), mamás paseando a sus retoños y demás fauna entre la que me incluyo que tan bien describe Karlos.
Por mi parte, una pequeña tregua a estornudos, ojos irritados y pies vagos.
Sin bombo, ni platillo, ni tijeras-corta-cintas-inaugurales. (H)Ala. Ya tenemos parque.
No me gustan las noches revueltas, con continuos silbidos de viento a través de ventanas mal cerradas.