This is just to say
February 25th, 2009I have eaten
the plums
that were in
the icebox
and which
you were probably
saving
for breakfast.
Forgive me
they were delicious
so sweet
and so cold.
.
W. C. Williams
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I have eaten
the plums
that were in
the icebox
and which
you were probably
saving
for breakfast.
Forgive me
they were delicious
so sweet
and so cold.
.
W. C. Williams
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Pseudovegetariana de pro cambia carnaval por carnevale.
En plato del día que viene volando, servido en bandeja (de mano), con (pero sin) restricciones de cabina.
De puente a puente, y salto porque me lleva Ryanair (y la corriente).

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El día que cumplí veinte años me sentó como un retorcijón, como un cristal en la suela del zapato, como un helado caliente, como un dos en matemáticas, como una película en la que el malo tiene voz de malo.
Recuerdo la conversación que mantuve con mi profesora (mentora y amiga), las veinticuatro horas torcidas que le siguieron, que desde entonces no le volví a encontrar la gracia a ningún diecisiete efe.
Pero hoy, no sé, hoy me apetece cumplir años. Me apetece calzarme los auriculares, contar las baldosas, meterme las manos en los bolsillos, pegarle patadas a las piedras, pararme delante de las carteleras, mantener el equilibrio en los bordillos, hacerme regalos, cantar.
Lo tengo todo preparado: el cero por ciento de probabilidad de lluvia, el arsenal de chocolates, el cine del que se ve sin palomitas, los besos (espero que sean muchos), la bufanda, las canciones en el bolsillo, el universo con un ojo guiñado.
Y si resulta que no, que me equivoqué en lo del universo, y me vuelve a salir el día torcido, y se me tuerce el suelo, y se me tuercen los pies, y se me tuercen los andares, y se me tuercen las paredes, y se me tuerce el mundo, que sirva de coreografía. La banda sonora la tengo preparada.
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¿Sabías que guardo el planeta, el tazón, la estrella de cartón, el tablero a medio escribir, el vale caduco, el relato, el algodón dulce, el itinerario, el partido, las cartas, el libro con las páginas en blanco, la caja de caramelos, el chicle hindú, la lista de secretos, las alas, el recorte, el periódico, las caracolas, la correa de velcro, la canción, la media vela, el sobre con catálogos, el catálogo de sobres, los tenedores de diseño, las hojas, las notas, las corcheas, los silencios, los silencios de corchea, el poema, las pintadas, el aro, la margarita, la bufanda, el oso panda, el cascabel de gato, el cheque regalo?
¿Sabías que leí aquel libro, que vi aquella película, que escuché aquel disco, que fui a aquel lugar, que me subí a aquel tejado, que salté de aquel muro, que hablé con aquella mujer, que rehice aquella lista, que todavía levanto la vista hacia tu ventana?
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Cavilar, discurrir, incurrir, envolver, volver, volver a volver, enlazar ideas absurdas, inventadas, invertebradas, robadas, quebradas, crear un todo o un trozo o un algo o un nada que puede que no lleve a ninguna parte (o que sí lo haga).
Agarrarse a ese remolino (i)racional, (i)lógico, (i)ntelectual (y) cerebral, saltar al plano cenital, clavar la mirada en esa espiral y recorrer su curva infinita con el mareo placentero del deslizar por el pasamanos de madera de una escalera de caracol.
Recrearse en las palabras, magnificar los sentidos, rasgar los significados, reinventar los recuerdos, saltarse las sonoridades, colorear las sombras, claroscurecer las rutinas, obviar las barreras, masticar los espacios, desechar lo ajeno, desoír lo oído, despensar lo pensado, desdecir lo dicho.
Y entonces, verbalizar.
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Parece mentira que una boca tan pequeña
sea imposible de mantener cerrada.
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La chica padece el Síndrome de Blancanieves. Está sentada en una silla y no come nunca. Parece no haber dormido durante siglos aunque lleva aquí, en el sanatorio de San Cugat del Vallés, tan sólo una semana. Está triste, pues hace ya unos meses que nadie le ofrece una manzana. A todos los pacientes nos lo prohibieron el día que vino y especialmente a mí que, según ellos, padezco el Síndrome de la Bruja.
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