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Hace años mi padre me fabricó una libreta apaisada con un recorte pegado sobre rayujos fluorescentes en la tapa de papel. Me encantaba, y me las ingenié para encontrarle un uso que impidiera el que, algún día, me deshiciera de ella. Como tantas cosas inútiles de las que somos incapaces de deshacernos fue a parar a una caja.
Ayer mismo encontré una de esas cajas porta-todo, me senté en el suelo, y como os estaréis imaginando, allí estaba. Páginas y más páginas de esquinas arrugadas bajo letra de colegiala. Y entre las páginas en blanco, ¡sorpresa!, un escrito que no es mío.
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¿Sabéis esas películas en que chico y chica se enzarzan en un torbellino, se enamoran, superan el horror, el miedo y los contratiempos, y colorín colorado, son felices para siempre?
Dadle la vuelta, cabeza abajo. ¿Ya está?
Ésa es mi historia.
En esa hoja me encontré (con siete, quizás ocho años de retraso) un mensaje optimista, alegre, sereno, ajeno al paso del tiempo, los contratiempos, el miedo, el horror, los enzarzamientos, los torbellinos.
¿Qué es eso?, habría preguntado.
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Me enfundo en mi pijama de invierno y al pasar por delante del espejo lo veo, tatuado sobre mi pierna: enjoy life!
Y mientras mi yo pensante se detiene, acacheteado, se me aparece un fantasma de todavía más atrás. :O, que diría un emoticono.
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Hoy habría disfrazado las letras de superhéroe del imserso, con una manta a modo de capa, un pasado que se me antoja incompleto y un futuro breve y desganado, pero ya no sé de qué quería hablar, ni para qué quería la capa.
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