Tute
March 31st, 2010
El otro día estuve de viaje espaciotemporal
el mismo lugar, el tiempo atrás
(re)sentir las mismas cosas
el silencio, la estupidez y una pared sin cuadros.
Me siento triste.
Y me duele la garganta.
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Un detective con el periódico en las manos era espiado sin saberlo desde entre las cortinas a medio cerrar de la única tienda de la calle. El carnicero había llenado las cámaras refrigeradas con los restos descuartizados de otro cazador cazado, y poniéndose su cazadora, su gorro y su bufanda se fue a casa.
Lo escribía aquel cartero, después de ver una tarde cómo el pastelero de la esquina despedía con dulzura a su hija, bailarina de vocación desde que apoyara sus pies sobre el suelo por primera vez, que se alejaba con los hombros altos, en pequeños saltos.
Y cuando recibí la carta, caí en la cuenta de que yo no encanto a marineros con mi voz, no atraigo a cientos de roedores en procesión con mis notas musicales, no amanso a los lobos cuando me aúllan. Porque aunque se solapen, aunque quizá ya lo fuera antes, he dejado de ser musical para convertirme en especial.
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